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Entrenamiento de futbol
Lunes, 24 Abril, 2006 - 12:57

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1)
INTRODUCCIÓN
Hablar del entrenamiento de la
condición física es hablar de la capacidad del ser humano para
adaptarse. Según afirman Grosser y cols. (1988), "en la
práctica, la adaptación biológica se realiza a través de la
utilización de los denominados principios del entrenamiento".
Los principios del
entrenamiento deportivo son reglas generales extraídos de las ciencias
del deporte, y en especial de la pedagogía, la psicología y la
biología del deporte. Estas deben interpretarse como guías rectoras y
no como dogmas de aplicación en todos los casos y aplicación
(González 1985).
Para que se puedan producir
adaptaciones, los estímulos (ejercicios de entrenamiento) deben superar
un umbral de esfuerzo. Entrenando por debajo de ese umbral no se
producen adaptaciones (Figura 1), sería una carga demasiado ligera;
sobre el umbral se consigue mantener la condición física adquirida,
sería una carga media; por encima del umbral de estimulación empiezan
a producirse cambios morfo-funcionales, serían cargas de intensas a muy
intensas. Existe un límite máximo de tolerancia que no se debe
sobrepasar, pues los efectos serían nocivos tanto para el entrenamiento
como para la salud. Estos umbrales y límites no son los mismos para
todos, incluso un mismo deportista varía sus umbrales a lo largo de una
temporada o de varias, aumentando su umbral de estimulación a medida
que va consiguiendo adaptaciones al entrenamiento.

Figura
1:
Efectos de las cargas de entrenamiento respecto al umbral de
estimulación.
Por tanto, una carga de
entrenamiento debe tener una cierta magnitud para provocar adaptaciones
que mejoren el rendimiento, teniendo en cuenta que todo estímulo que
supere un umbral conlleva un cansancio (Hollmann, 1976). Por esto,
en los deportes con un periodo competitivo largo, como es el caso del
fútbol, con un partido semanal o incluso dos, se da el siguiente
problema: si se entrena por encima del umbral de estímulo se producen
adaptaciones y mejoras (físicas-técnicas-tácticas), pero se puede
llegar en condiciones de fatiga al partido; por el contrario, si se
entrena por debajo del umbral de estímulo no hay fatiga pero
evidentemente tampoco se producen adaptaciones ni mejoras. Una correcta
aplicación de los principios generales del entrenamiento ayudarán a
solucionar esta disyuntiva.
En la literatura especializada
nos encontramos que cada autor propone una serie de principios
generales, aunque la mayoría coinciden y suele ser un problema más
terminológico que conceptual. En general, la teoría de entrenamiento y
sus publicaciones han hecho más referencia y aplicación a los deportes
individuales que a los colectivos, que tienen unas características muy
diferentes (factores de rendimiento, periodos de competición,
heterogeneidad de los deportistas, etc.). Por esto, el objetivo de este
trabajo es analizar los principios generales que hemos considerado más
importantes para el entrenamiento del fútbol y aplicarlos a su
naturaleza específica fruto de la experiencia y de datos científicos.

2)
LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL
ENTRENAMIENTO Y SU APLICACIÓN AL FÚTBOL
2.1.
Principio del aumento progresivo de la carga
Es,
probablemente, el principio de entrenamiento más importante en el
fútbol para evitar el problema expuesto anteriormente. Se trata de
aumentar la magnitud de la carga a medida que el organismo se va
adaptando a los estímulos de entrenamiento para que se sigan
produciendo adaptaciones, pero sobre todo para mejorar sin interferir en
el partido.
En el caso
de los deportes con un periodo de competición largo, la progresión de
la carga debe ser más lenta y gradual que en los deportes con un
periodo de competición más corto y agrupado, empezando incluso con una
carga por debajo del umbral de estimulación cuando se esté ya en
periodo competitivo. De esta forma, la mejora del rendimiento será
menor y más lenta, pero el deportista no estará fatigado para jugar en
condiciones óptimas el partido del fin de semana.
Por esta
razón, la utilización en una 1ª fase de un gran volumen concentrado
de ejercicios de preparación especial condicional, para en una 2ª fase
disminuir el volumen de carga y conseguir así un nivel superior de
rendimiento, como propone Verjoshanski (1990), no tiene aplicación en
el fútbol durante el periodo competitivo, ya que en la 1ª fase se
provoca una alteración profunda y prolongada de la homeostasis del
organismo, que se expresa en una reducción persistente de los índices
funcionales. Si puede tener aplicación en el periodo de
pretemporada, donde no importa que disminuya temporalmente el
rendimiento. Además una carga concentrada tiene una mayor duración al
cesar el entrenamiento de las cualidades concentradas, por lo que si
entrenamos la resistencia aeróbica y la fuerza máxima como cualidades
físicas de base en la pretemporada de forma concentrada tendrán más
influencia durante el periodo competitivo, donde su entrenamiento
podría tener interferencias sobre el rendimiento.
Grosser y
cols. (1985), proponen la siguiente secuencia para aumentar la carga:
<ol style="margin-left: 40; margin-top: 6; margin-bottom: 0">
Aumento
de la frecuencia de entrenamiento.
Aumento
del volumen.
Aumento
de la densidad del estímulo.
Aumento
de la intensidad del estímulo.
En general,
y más concretamente en el fútbol no profesional, se suelen realizar
pocas sesiones de entrenamiento semanales, muy largas, donde se mezclan
todos los contenidos. La situación ideal sería la de realizar más
entrenamientos, aunque sean más cortos, para poder aplicar así el 1º
paso de la secuencia, aumentar la frecuencia de entrenamiento de una
cualidad o de la condición física en general. El aumento del volumen
es lo que más se suele modificar para aumentar la carga. El aumento de
la densidad como 3º paso, es muy interesante en el fútbol para
introducir progresivamente el trabajo anaeróbico láctico, quitando
tiempo de recuperación al trabajo de velocidad hasta que haya
recuperaciones de entre 30-10 segundos. El 4º paso depende más del
futbolista que del ejercicio en sí, ¿cómo entonces aumentar la
intensidad de la carrera si el futbolista no la aumenta? Para estos
casos el truco puede ser realizar competiciones por parejas o por grupos
con pequeños castigos para los perdedores, o de forma más científica
registrando la frecuencia cardiaca mediante un pulsómetro.
Es de vital
importancia en el fútbol el principio de la progresión para el
entrenamiento de la fuerza explosiva, ya que se ha comprobado las
contracciones excéntricas se caracterizan por producir pequeñas
lesiones en los tejidos musculares ocasionando respuestas inflamatorias,
además de modificar las órdenes nerviosas que controlan el movimiento
y dificultar la resíntesis de glucógeno (Sanchís y cols. 1998). Esto
no quiere decir que no se pueda realizar entrenamientos en los que
intervengan contracciones excéntricas, puesto que en el propio juego
del fútbol se dan continuamente (frenazos, saltos, cambios de
dirección, golpeos, etc.) sino que se deben entrenar de forma muy
progresiva y lenta (durante el periodo competitivo) para que no se
produzca un gran daño muscular que interfiera en el rendimiento del
partido (Figura 2). En deportistas bien entrenados los efectos negativos
de las contracciones excéntricas están minimizados (Sanchís y cols.
1998), por lo que su gradual entrenamiento solo aportara mejoras. El
efecto residual de las contracciones excéntricas (24-72 h), no aconseja
su entrenamiento dentro de los 3 días anteriores al partido.

Figura
2: Entrenamiento progresivo de la fuerza explosiva en los microciclos
(planteamiento teórico).
2.2.
Principio de la relación óptima entre el esfuerzo y el descanso
Es otro de
los principios vitales en el fútbol para producir mejoras . Se
fundamenta en los principios biológicos y en los procesos de
adaptación que se comentaron ligeramente en la introducción. Para que
una carga de trabajo surta efecto se debe dejar el tiempo necesario para
su recuperación, como se puede ver en la clásica curva de
supercompensación (Figura 3), en caso contrario, si se aplica una carga
cuando no se ha producido la supercompensación y esto se repite se
puede llegar al sobreentrenamiento (Figura 4).
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Figura
3: Supercompensación.
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Figura
4:
Sobreentrenamiento.
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La correcta
alternancia entre esfuerzo y recuperación se debe aplicar en todos los
periodos del entrenamiento: desde dentro de la propia sesión de
entrenamiento, pasando por el microciclo, hasta el macrociclo. Siempre
con el mismo objetivo: llegar en condiciones óptimas al partido del fin
de semana.
Un estado de
sobreentrenamiento puede conducir al deportista a una lesión, a una
enfermedad y evidentemente a un menor rendimiento deportivo. Sin
embargo, es por todos sabido que una situación de sobreentrenamiento en
serio, es muy difícil que aparezca en el fútbol, ya que no es un
deporte (ni siquiera a nivel profesional), que se caracterice por
entrenar al límite de la capacidad humana. Lo más frecuente en el
fútbol es que se produzcan pequeñas sobrecargas musculares, dado que
es un deporte con numerosas aceleraciones, frenazos, cambios de
dirección y sentido, luchas, saltos, etc. que inciden y lesionan el
tejido muscular.
Para aplicar
correctamente este principio dentro de la sesión se debe atender bien a
las recuperaciones propuestas en cada método de entrenamiento, en
especial en el trabajo de velocidad y fuerza.
Para aplicar
este principio dentro de un microciclo simple, Seirul-lo
(1987), propone concentrar la carga el miércoles con doble
sesión, ya que el futbolista se ha recuperado del partido y el próximo
está lejos, obteniendo la supercompensación el fin de semana (Figura
5).

Figura
5: Planificación de las cargas dentro de un microciclo de competición
(Seirul-lo, 1987).
En el caso
de equipos no profesionales con tan solo 3 entrenamientos semanales
proponemos (Figura 6) entrenar el Martes, Miércoles y Viernes, siendo
igualmente el Miércoles el día de máxima carga, y el Viernes un día
para preparar el partido y trabajar la velocidad. Lo ideal (o utópico)
sería que el Lunes, cada futbolista hiciera por su cuenta un pequeño
entrenamiento de recuperación, basado principalmente en 15-25 minutos
de carrera continua y estiramientos.

Figura
6: Planificación de las cargas dentro un microciclo de competición de
3 días de entrenamiento (propuesta propia).
En el caso
de periodos más grandes, teniendo siempre como referencia el
microciclo, deben existir periodos de recuperación o profilácticos
para regenerar el organismo del futbolista, en especial los tejidos
tendinosos y articulares. Estos periodos, no muy prolongados y siempre
sin cesar la actividad, pueden incluirse aprovechando algún descanso
que ofrezca la competición como las navidades o un puente festivo, o
porque el entrenador lo estime oportuno. Para un mejor control de la
dinámica de carga de los microciclos a lo largo de una temporada
recomendamos el modelo de hoja propuesto por Rubio y Terán (2002).
La capacidad
para recuperarse de un esfuerzo depende fundamentalmente del nivel de
entrenamiento, de la preparación general del futbolista y de la
dotación genética. El tiempo de recuperación después de una carga
será mayor cuanto mayor haya sido la carga (Verjoshanski, 1990) Además
la utilización de diversas medidas de recuperación pueden acelerar
este proceso para poder así entrenar más y mejor: recuperación
activa, estiramientos, masaje, sauna, baños, frío/calor, nutrición,
etc.
2.3.
Principio de la continuidad
Para que se
produzca un cambio morfo-funcional es necesario que el ejercicio o la
sesión de entrenamiento no esté muy distantes, sino las adaptaciones
no se producirán o tardarán mucho más en producirse. Las
interrupciones en el proceso de entrenamiento provocan en primer lugar
una disminución de las cualidades físicas, y luego de las destrezas
técnicas y tácticas (González,
1985). A su vez, la resistencia y la fuerza-resistencia se
pierden antes que la fuerza máxima, la fuerza rápida y la velocidad
(García y cols., 1996b). En el entrenamiento del fútbol hay 2 aspectos
que dificultan la aplicación de este principio:
-
La
convocatoria: hay futbolistas que no juegan, otros juegan todo el
partido y otros una parte. Así muchos jugadores reciben
semanalmente el mejor entrenamiento, el partido, mientras que otros
se lo pierden. El problema radica que las alineaciones y
convocatorias suelen ser muy iguales y de repetirse esta situaciones
durante varias semanas, los futbolistas que no juegan no cogen la
forma física igual que los que juegan seguido. En los equipos
profesionales, donde hay varios técnicos y entrenar es una
obligación, el mismo día del partido se puede hacer un
entrenamiento para los no convocados y/o al día siguiente un
entrenamiento distinto para cada grupo de futbolistas según el
tiempo que hayan jugado. Con esto, al menos, se minimiza la ausencia
de competición que es lo que realmente pone en forma. Pero en los
equipos no profesionales, donde se entrena 3 días a la semana
(p.ej. Martes, Miércoles y Viernes), un futbolista que no juegue el
Domingo, estará sin hacer nada 3 días seguidos, además de que el
entrenamiento del Viernes no será muy intenso. Esta situación
repetida varias semanas va en contra del principio de la
continuidad, que solo se puede resolver entrenando 1 día más que
los que juegan, bien dentro de la disciplina de equipo (como los
profesionales), o bien por su cuenta.
-
El
microciclo: en el fútbol esta estructura de la planificación viene
marcada y condicionada por el partido del fin de semana, de esta
forma es difícil realizar por ejemplo 2 sesiones de fuerza o 2 de
resistencia en la misma semana puesto que necesitan un tiempo de
recuperación entren ambas y deben estar lo suficientemente alejadas
del partido. Así normalmente se asigna un día al entrenamiento de
cada cualidad, sin embargo las adaptaciones a un entrenamiento
semanal por cualidad son mucho más lentas o insuficientes. Lo
primero para solucionar esto sería aumentar la frecuencia semanal
de entrenamientos, entrenando menos cantidad pero con más
frecuencia. En caso de que esto no fuera posible es necesario que
ese entrenamiento semanal de una cualidad no pierda continuidad
aunque sea semanalmente, consiguiendo lo que algunos denominan
micro-adaptaciones (Seirul-lo,
1987). También es conveniente para el entrenamiento de la
condición física un número reducido de ejercicios y que estos se
repitan, por ejemplo, para trabajar la fuerza explosivo elástica
puedo utilizar cuestas, arrastres, escaleras etc. Hay que elegir uno
de ellos y repetirlo durante un largo periodo de tiempo para que el
organismo se adapte neuronalmente a la mecánica específica de ese
ejercicio y una vez adaptado saque mayor provecho de su
entrenamiento (Teodorescu,
1996), en lugar de una semana realizar cuestas, otra
escaleras y la siguiente arrastres, ya que cambiaríamos
constantemente de patrón motriz.
En caso de
lesión se debe evitar una interrupción total del entrenamiento,
realizando lo que se pueda: natación, ejercicios o carreras en el agua,
bicicleta, gimnasio, ejercicios isométricos, electroestimulación, etc.
2.4.
Principio de la relación óptima entre los componentes del
rendimiento
El
rendimiento en cualquier deporte depende de varios factores, siendo
siempre algunos más importantes que otros, teniendo en cuenta que
cualquier déficit en cualquiera de ellos va a afectar al rendimiento
global. Por tanto, lo primero es compensar esos déficits, luego sacar
más provecho a los mejores factores. Una razón que obliga a un
equilibrio de factores es el propio reglamento que limita el número de
cambios, a diferencia de otros deportes colectivos donde se pueden hacer
cambios ilimitados, por ejemplo, tenemos un gran especialista en tiros
de faltas que está en el banquillo porque hay mejores jugadores en
global que él, ante un lanzamiento de falta el entrenador no puede
sacarle para que tire la falta y vuelva al banquillo como ocurre, por
ejemplo, en el balonmano.
Los factores
de rendimiento en el fútbol y su interrelación se muestran en la
siguiente figura. A su vez, cada factor general está compuesto por
varios subfactores (Figura 8).

Figura
7: Factores generales de rendimiento en el fútbol y su interrelación.

Figura
8: Desglose de los factores de rendimiento en el fútbol.
Ahora bien,
¿En qué proporción se debe entrenar cada factor de rendimiento?,
¿son suficientes los entrenamientos habituales en el fútbol para poder
abarcar todo esto?. Cada equipo, cada categoría, cada nivel precisa de
un porcentaje distinto. El principio general nos dice que se deben todos
en una proporción adecuada.
Se puede
pensar fácilmente que la solución es plantear ejercicios, llamados
integrados, en los que se entrenan varios componentes al mismo tiempo.
Sin embargo, la experiencia nos dice que algunos de estos ejercicios al
final no mejoran (o no se ha demostrado) nada y que lejos de facilitar
el entrenamiento lo dificultan, por la complejidad al explicarlo y
ponerlo en marcha. Por el contrario, muchos otros ejercicios integrados
son bastante útiles. No es este el momento de profundizar en este
problema, si que podemos concluir que no hay reglas fijas ni
demostradas, y que seguramente haya aspectos que deban realizarse más
analíticamente y otros de forma más global, unos con balón, otros sin
balón, y que las elecciones de ejercicios se deberían hacer sin
obsesiones ni ideas fijas.
2.5.
Principio de la individualidad
Es uno de
los principios más importantes pero de más difícil aplicación, en
especial en los deportes colectivos. Es bien sabido que existen
numerosos factores que afectan a la respuesta individual ante una misma
carga de entrenamiento (García y cols., 1996b): herencia, maduración,
nutrición, descanso y sueño, nivel de condición, motivación,
ambiente, salud y sexo. A estos factores individuales abría que añadir
los diferentes requerimientos energéticos y técnico-tácticos de cada
puesto específico en el fútbol.
Es cierto
que no se puede programar un entrenamiento totalmente individual para
cada jugador, primero por la dificultad de realización y segundo porque
sería incoherente en un deporte de cooperación-oposición. También es
cierto que un entrenamiento igual para todos no sacará el máximo
rendimiento a una plantilla. Una solución intermedia puede ser
individualizar ciertos aspectos del entrenamiento para distintos grupos
dentro del equipo:
1)
Según nivel de condición física.
2)
Según líneas o puestos específicos.
3)
Según elementos técnico-tácticos a mejorar.
1) Según
nivel de condición física: Para conseguir clasificar a los
futbolistas de un equipo y ver sus características y necesidades
necesitamos realizar test apropiados para cada cualidad. Un ejemplo lo
podemos ver en la Figura 9 (datos propios, 2001), que muestra los
resultados de dos futbolistas del equipo juvenil nacional de la Cultural
y Dep. Leonesa, en un test de resistencia a la velocidad (R-V). Podemos
observar claramente como el sujeto B es más rápido que el sujeto A, y
como el sujeto A es capaz de repetir los sprints con menos pérdida de
velocidad que el B. ¿Deben realizar el mismo entrenamiento de R-V los
sujetos A y B?, evidentemente no.

Figura
9: Tiempos realizados por 2 futbolistas en los 20 primeros metros de un
test de R-V que consistía en realizar 6 sprints de 40 m. recuperando 30
seg.
Si
por ejemplo tuvieran que realizar un entrenamiento de R-V de 18 sprints
de 15 m (volumen total de 270 m) con recuperaciones parciales entre
repeticiones (20-40 seg.), lo correcto sería que el sujeto A realizara
más repeticiones por serie, ya que necesita un nº más elevado de
repeticiones seguidas para fatigarse (2 series de 9 repetic.) o menos
repeticiones pero de más distancia (2 x 6 repetic. de 22 m = 276 m). Al
contrario, el sujeto B necesita repartir el volumen de entrenamiento en
más series dado que se fatiga mucho antes (3 x 6 repetic.) o aumentar
el número de repeticiones disminuyendo la distancia (3 x 9 repetic. de
10 m. = 270 m).
2) Según
líneas o puestos específicos: Los requerimientos energéticos y
técnico-tácticos de cada puesto específico son diferentes entre sí,
sufriendo variaciones según el esquema, la estrategia y la filosofía
de juego de cada equipo. Para Godik y Popov (1993), a las observaciones
subjetivas del entrenador se debe añadir análisis más objetivos de
las actividades de los futbolistas en los partidos para organizar y
planificar correctamente el proceso de entrenamiento. Proponen cuatro
formas de análisis cuantitativo:
<ul style="margin-top: 6">
Volumen,
variedad y eficacia de las acciones técnico-tácticas individuales.
Volumen,
eficiencia y eficacia de las acciones técnico-tácticas colectivas.
Volumen e
intensidad de los desplazamientos de los futbolistas en los
partidos.
Magnitud
y tendencia de la carga biológica de la actividad competitiva.
De estos
análisis subjetivos y objetivos tenemos que saber qué requerimientos
energéticos, técnicos y tácticos tiene cada puesto específico en
nuestro equipo, y lo más importante, a partir de esto entrenar. Si por
ejemplo, analizamos al lateral de nuestro equipo y obtenemos que el
mayor número de acciones técnicas en ataque centrar desde la banda al
área, ese jugador y todos los que pudieran actuar en su posición deben
entrenar los centros de banda, y si a penas realizan tiros a puerta en
el partido, su entrenamiento no debe predominar el tiro a puerta. Si
este mismo lateral, realiza sprints más largos que sus compañeros, las
distancias del entrenamiento de velocidad y resistencia a la velocidad
deben ser mayores. Y así con todas las variables.
3) Según
elementos técnico-tácticos a mejorar: Dado que el fútbol es un
deporte con repertorio de gestos y movimientos técnico-tácticos muy
amplio, es totalmente normal que unos jugadores ejecuten mejor unas
técnicas que otras, y que cada uno tenga unas carencias que mejorar. El
análisis de estas carencias habitualmente se hace subjetivamente, auque
como citábamos con anterioridad, Godik y Popov (1993), recomiendan
analizar estas acciones también con métodos más objetivos.
Por ejemplo,
dentro de un equipo hay 4 jugadores que no realizan correctamente los
controles, otros 6 deben mejorar en el desmarque, 5 tienen su punto
débil en el juego aéreo y 6 tienen dificultades en el marcaje
individual. ¿Por qué entrenar todos el control si lo necesitan mejorar
solo 4 futbolistas?. La solución es tan fácil como asignar una tarea a
cada grupo para trabajar el objetivo a mejorar (Figura 7). Teodorescu
(1996), propone en deportistas de nivel fraccionar el entrenamiento en
2-4 sesiones en 1 día, siendo una de estas fracciones para el
entrenamiento de los "puntos débiles" de cada jugador.

Figura
10: Ejemplo de organización de un entrenamiento por grupos según
carencias.
2.6.
Principio de la relación óptima entre la preparación general y
específica
Para
Platonov (1988), el entrenamiento general está compuesto por ejercicios
que mejoran la salud y aumentan las posibilidades funcionales generales,
y el entrenamiento específico formado por ejercicios que perfeccionan
un campo especializado de una actividad. La preparación general crea la
base para la preparación especial (Matvéiev, 1980) y solo mediante una
buena preparación se pueden conseguir elevados rendimientos
específicos (Platonov, 1988). No obstante, la preparación general debe
reflejar al mismo tiempo las particularidades de la especialización
deportiva (Matvéiev 1980).
En el
fútbol, la preparación específica está formada por el entrenamiento
de todos los movimientos y gestos técnico-tácticos propios del
fútbol, así como la capacidad para repetir esfuerzos rápidos durante
un largo periodo de tiempo con pausas diversas, con cambios de
dirección, sentido y frenazos (resistencia interválica). La
preparación general, sería la resistencia aeróbica general, la fuerza
máxima, la flexibilidad, la coordinación motriz y agilidad general.
Para muchos
autores (Matvéiev, 1980; Platonov, 1988) la preparación general debe
ser mayor en los niños y paulatinamente ir descendiendo hasta ser una
parte mínima en los deportistas de élite. La propuesta que realizamos
la observamos gráficamente en la Figura 11. Podemos distinguir:
-
Hasta
los 10 años: La preparación específica debe ser el 90% del
entrenamiento de fútbol. No porque pensemos que no hace falta una
preparación motriz general en estas edades, al contrario, pensamos
que una amplia gama de patrones motrices beneficiará a la técnica
específica en un futuro. El problema está en que en 1-2 días a la
semana que tienen de entrenamiento de fútbol no daría tiempo a
entrenar nada y ya hay bastantes elementos futbolísticos que
enseñar como para dedicarse a otros elementos. Evidentemente
rechazamos cualquier preparación física general en entrenamientos
de fútbol en estas edades, y la preparación motriz general del
joven debe ser proporcionada por la clases de educación física,
por la participación en otros deportes y por la propia actividad
del niño.
-
De
los 10-13 años: El planteamiento es el mismo que el anterior,
pero la preparación general aumenta de proporción por el aumento
del entrenamiento de la flexibilidad general, ya que Rubio y cols.
(2002), han detectado en un estudio transversal con niños
futbolistas una pérdida importantísima de flexibilidad en el paso
de la categoría benjamín (8-10 años ) a la categoría alevín
(11-13 años).
-
De
los 14-16 años: La preparación general aumenta por empezar el
entrenamiento de la resistencia aeróbica. Es importante la
resistencia en esta fase porque 1) el niño está desarrollándose,
aumenta la musculatura y esto supone un peso extra que mover, por
eso se debe acompañar este cambio con adaptaciones
cardiovasculares, 2) actualmente, en estas edades dejan de jugar en
fútbol-7 y empiezan a jugar a fútbol-11, en un campo grande, con
mayores recorridos y más tiempo de juego, además de cambios
limitados que hace que haya jugadores que jueguen todo el partido,
3) psicológicamente el niño con la maduración deja de derrochar
energía y les cuesta mucho el movimiento, hay que acostumbrarles a
la actividad contínua.
-
De
los 16-18 años: Es la edad donde la preparación general
adquiere mayor importancia por el aumento y creación de la
preparación física general. A parte de la resistencia aeróbica,
es importantísimo el entrenamiento de la fuerza máxima, ya que es
su fase sensible (Hahn, 1988) coincidiendo con el final de la
pubertad y del aumento hormonal. La fuerza máxima será la base de
la fuerza explosiva, de la velocidad de aceleración y de la
prevención de lesiones en un futuro muy próximo. No olvidar el
trabajo de flexibilidad.
-
A
partir de los 19 años: La preparación general se focaliza
principalmente al comienzo de la temporadas y entre ellas. Las
oscilaciones de la Figura 11 quieren representar que hay temporadas
en las que se debería entrenar un poco más la preparación general
que otras.
-
A
partir de los 30 años: La preparación general debería ser
ligeramente mayor para hacer frente a las disminuciones de
rendimiento lógicas por la edad.

Figura
11: Evolución de la preparación general y específica de un futbolista
a lo largo de los años.
3)
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| Entrenamiento de futbol | Entrar/Crear una cuenta | 3 Comentarios |
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Re: Entrenamiento de futbol
(Puntuación 1)
por kassidy5 en 29 May, 2009 - 08:40
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Re: Entrenamiento de futbol
(Puntuación 1)
por kelsey93 en 25 Oct, 2009 - 08:36
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