Entrenamiento Fisico para el rendimiento: Individualización de los Programas de Entrenamiento
Jueves, 16 Junio, 2005 - 12:50
¿que es lo que indica la Investigación y la Teorìa del Entrenamiento?
INTRODUCCION
El entrenamiento para el rendimiento es un proceso que puede ser definido
como la mejora orientada del rendimiento deportivo competitivo a través de un
programa de preparación y competición (Lyle 1999). Este proceso es tanto
multifacético como multidisciplinario. Como tal, requiere de la intervención de
una variedad de disciplinas diferentes y de la asistencia de numerosos
especialistas. Cuando se considera las cosas necesarias para un entrenamiento
efectivo, se vuelve obvio que las contribuciones necesarias para el desarrollo
del atleta deben ser hechas por una amplia variedad de áreas. Dependiendo de los
requerimientos de un deporte en particular, se puede requerir la intervención en
áreas de la técnica (e.g., biomecánica y aprendizaje motor), la fisiología, la
psicología, la nutrición, el conocimiento teórico del deporte, el asesoramiento
acerca del estilo de vida (incluyendo la administración del tiempo) y de la
táctica. Cualquier contribución al proceso se complicará por la necesidad de los
entrenadores de controlar las diferencias entre varios factores. Estos factores
incluyen el tipo de deporte que se está entrenando (deporte de equipo o
individual), si los deportistas son niños o adultos (los niños no deben ser
tratados como adultos en miniatura), y si son mujeres u hombres (las mujeres
deportistas pueden ser susceptibles a los desordenes alimenticios, a la
amenorrea y a la osteoporosis). Obviamente, muchos de los factores necesitan ser
altamente individualizados y pueden requerir su separación en áreas específicas
tales como entrenamiento de la fuerza, flexibilidad, capacidad aeróbica,
preparación mental, medicina deportiva, nutrición, organización y gestión
práctica y planeamiento de la competencia. Para este último, el entrenador puede
en algunos deportes tener incluso la responsabilidad de realizar los trámites de
migración, organizar los viajes y de buscar el lugar para la estadía. Para la
mayoría de los deportes también deben considerarse, las leyes deportivas, la
ética, las técnicas de monitoreo, las técnicas de puesta a punto, el
desentrenamiento, la comunicación e incluso las prácticas seguras de trabajo
(incluyendo la prevención de lesiones y el sobreentrenamiento). Con un proceso
de dicha complejidad los entrenadores necesitan planificar, periodizar e
individualizar los programas de entrenamiento con especial cuidado. Aunque los
entrenadores pueden no ser expertos en cada área en particular, su rol global y
su responsabilidad es planear y coordinar las diferentes contribuciones que se
le hará a cada uno de los atletas mediante una estrategia efectiva e individual
por medio de la cual se mejore el rendimiento competitivo.
La relevancia de la individualización del entrenamiento para optimizar el
rendimiento deportivo se destaca en la teoría del entrenamiento y en la
literatura aplicada por medio de la referencia a un número importante de
“principios”. Por ejemplo, “el principio de la individualización” es uno de los
siete principios del entrenamiento propuestos por Bompa (1999) y “el principio
de la individualidad” es uno de los siete principios del entrenamiento
propuestos por Rushall (1985a, 1985b). Además, la individualización ha sido
descripta como un principio importante para el entrenamiento deportivo (Hazeldine
& McNab 1998) como un elemento esencial dentro del proceso de entrenamiento
(Cross 1999) y como un concepto clave (Lyle 1996). Al menos otros cinco
“principios” del entrenamiento pueden tener relevancia para la
individualización. Primero está el “principio principal” propuesto por Howe
(1990) que sugiere que el entrenador debe tratar de ser un facilitador más
que un director, la estrategia debe destacar los requerimientos idiosincrásicos
de cada atleta, y sugiere un enfoque mucho más
democrático del que comúnmente puede observarse. Segundo, “el principio de la
consecuencia” propuesto por Sherman y Sands (1996) que requiere que el
entrenador considere los resultados posibles (e.g., lesión, sobreentrenamiento) que puede provocar un programa de entrenamiento muy
riguroso. Tercero, Sands y Alexander (1987) han identificado principios del
entrenamiento de dimensión socio psicológica, incluyendo el “principio de las
necesidades individuales”. Dichos enfoques respaldan la filosofía de
entrenamiento centrada en el atleta. Por último, además del “principio de la
individualización” propuesto por Bompa (1999), otros
dos de sus siete principios tienen un impacto obvio sobre la individualización;
estos son “el principio de la especialización” y el “principio de la
construcción del proceso de entrenamiento”. El primero refuerza la necesidad de
que el entrenamiento refleje las demandas de un deporte y evento en particular,
y el segundo establece que el entrenador debe dirigir y organizar las sesiones
de entrenamiento de manera que los objetivos, métodos y contenido sean similares
a los de la competencia.
Aunque los principios identificados anteriormente pueden aplicarse a todos
los deportes, la mayor parte del análisis en este artículo se centrará en la
natación y el rugby debido a que la experiencia de los autores en este artículo
es principalmente en estos dos deportes.
¿QUE es lo que Indica la InvestigaciOn y la TeorIa del Entrenamiento?
A pesar del hecho de estos principios existen para guiar a los entrenadores,
muchas de las estrategias de entrenamiento para la optimización de la
individualización se ven comprometidas por factores específicos del deporte. Por
ejemplo, Cross y Wright (2001) identificaron que los entrenadores Británicos de
natación individualizan regularmente el entrenamiento, pero con frecuencia se
ven limitados para proveer una óptima individualización. Esto se debía a
instalaciones inadecuadas de entrenamiento, a las grandes diferencias en las
destrezas de los nadadores dentro del equipo, la falta de apoyo por parte de la
ciencia del deporte, o que los entrenadores debían observar a muchos deportistas
al mismo tiempo. Para los deportes de equipo, las dificultades para
individualizar el entrenamiento no son muy diferentes pero pueden ser
exacerbadas por la necesidad de trabajar sobre la dinámica de equipo, lo cual
significa menos tiempo disponible para la práctica individual. De hecho, incluso
tener a todos los jugadores juntos con el propósito de entrenar como un equipo
es problemático en muchos deportes de equipo (ver Cross 1995 para un ejemplo
sobre Hockey sobre césped).
En este punto es necesario hacer una distinción adicional. Aunque algunos
deportes individuales emplean a entrenadores especialistas para un evento (e.g.,
diferentes especialistas en áreas del atletismo tales como las carreras de
velocidad, las carreras con vallas, los eventos de lanzamiento, los saltos,
etc.), lo cual, en si mismo, contribuye a un enfoque más
“individualizado” del entrenamiento, muchos otros deportes no lo hacen. La
natación es un deporte en el cual un único entrenador controla todos los
aspectos del rendimiento, y es responsable de la preparación para la competencia
en todos los estilos y distancias. Las excepciones a esto pueden observarse
cuando los atletas están en los equipos nacionales o cuando los atletas se
entrenan en los institutos nacionales del deporte. En dichas circunstancias, un
entrenador en particular será el responsable por el entrenamiento de ciertos
estilos (espalda, pecho, etc.) o de el entrenamiento para carreras de ciertas
distancias (1500m estilo libre, 400m medley individual, etc.). Obviamente, la
mayoría de los entrenadores son expertos en un área en particular, y es difícil
que un solo entrenador pueda asistir adecuadamente a todos los nadadores del
equipo y a la vez realizar una óptima individualización del entrenamiento, dada
la gran cantidad de distancias y estilos individuales dentro del mismo equipo.
Uno podría esperar los mismos problemas en los deportes de equipo. Si bien los
deportes de conjunto profesionales tienen no solo un entrenador principal en
cada cargo, sino que tienen entrenadores especializados para el entrenamiento de
aspectos particulares del rendimiento (e.g., un equipo profesional de rugby
puede tener un entrenador para los forwards, un entrenador para los backs y un
entrenador para los pateadores), muchos deportes de conjunto amateurs no lo
tienen. El hockey sobre césped aunque es un deporte de equipo, todavía es en
esencia un deporte amateur y es similar a la natación en cuanto a que con
frecuencia se requiere que un entrenador se haga cargo de todos los aspectos del
rendimiento. Esto puede ir en detrimento del rendimiento potencial de muchos de
los jugadores y/o del equipo e ir en contra de la efectividad del proceso de
individualización.
Parece evidente para muchos entrenadores que cada atleta en su puesto es
único. Los atletas tienen diferentes características fisiológicas, habilidades
técnicas y tácticas, comportamientos psicológicos y estilos de vida (Rushall and
Pyke 1990, Bompa 1999, Cross 1999). El planeamiento de programas de
entrenamiento individualizados parece esencial para cubrir las necesidades de
las características individuales y para optimizar el desarrollo del rendimiento.
A pesar de esta suposición, Rushall (1998) ha sugerido que la individualización
es algo expuesto por muchos pero que de hecho hay poca investigación acerca de
este concepto.
Savage et al (1981) produjo datos de investigación que destacaron que todos
los atletas son fisiológicamente únicos. Este investigador condujo un
experimento con un grupo de nadadores universitarios americanos. Durante 75 días
de entrenamiento intensivo se realizaron mediciones fisiológicas tales como el
VO2máx, la frecuencia cardíaca, los niveles de ferritina y los
niveles de lactato en reposo y post ejercicio. Se descubrió que, a pesar del
hecho de que los programas de entrenamiento eran idénticos, los individuos que
participaron de la investigación mostraron diferencias concomitantes en los
perfiles fisiológicos y de rendimiento. Este autor concluyó que debido a la
individualidad de las respuestas al entrenamiento, con el propósito de producir
rendimientos óptimos es esencial aplicar programas de entrenamiento
individualizados en base a las respuestas individuales al entrenamiento.
Algunos ejemplos de la práctica de la individualización también existen
dentro de los deportes de equipo. Por ejemplo, Cooke (1990) señaló que el
entrenamiento físico en la Unión Inglesa de Rugby había incluido desde 1987
programas de entrenamiento individualizados en base a las fortalezas y
debilidades de los jugadores individuales. Sin embargo, no está claro si esto se
realiza a nivel de los clubes, o si esto estuvo basado en los requerimientos de
las distintas posiciones de los jugadores.
McGowan et al (1990) ha reportado que se realizó cierta individualización en
el entrenamiento del equipo olímpico de voleibol de los Estados Unidos de 1984.
Este equipo que ganó la medalla de oro, había sido entrenado como grupo desde
1981 y habían entrenado aproximadamente unas 3500 horas (4 horas por día) para su
preparación para la competencia olímpica. Aproximadamente 30 minutos diarios
fueron destinados a programas de entrenamiento puramente individualizados para
luego realizar 90 minutos de pequeñas prácticas grupales. Como este equipo gano
la medalla de oro, se puede decir que esta práctica de individualización tuvo un
efecto positivo.
De acuerdo con Bompa (1999) el entrenador debería analizar las capacidades de
trabajo de los atletas y los rasgos de personalidad para determinar su
tolerancia óptima al esfuerzo. Una vez que se conoce esto será posible planear
las cargas óptimas de entrenamiento para cada atleta individual. Con este fin,
el conocimiento de los factores que influencian la capacidad de trabajo de los
atletas ayudará a los entrenadores a tomar las decisiones correctas con respecto
a las cargas de entrenamiento. Los factores más
importantes son los siguientes:
- Tolerancia individual a las cargas de entrenamiento. Costill et al (1992)
observó que existe un límite fisiológico y anatómico de desarrollo que puede
ser alcanzado con el entrenamiento, un factor que estos autores sugirieron
está determinado por la genética. Los atletas no están credos con la misma
habilidad para tolerar el entrenamiento. Además, los atletas de niveles de
rendimiento similares con frecuencia difieren en sus cargas óptimas de
entrenamiento (Rushall and Pyke 1990). Por ejemplo, los nadadores Mark Spitz y
John Kinsella (ambos con récords mundiales en estilo libre) son un ejemplo de
este factor. Kinsella podía tolerar cargas de entrenamiento mucho más
altas que Spitz pero no podía igualar el rendimiento de competición de Spitz.
En rugby, Scott Hastings (un ex jugador de rugby para el seleccionado escocés)
es un buen ejemplo de un atleta que, por decisión individual, le gustaba
imponerse constantemente entrenamientos más
duros.
- Los factores genéticos y el perfil individual de aptitud física. Los
atletas que tienen diferentes habilidades biomotoras (fuerza, velocidad,
resistencia y coordinación) debido a factores genéticos varían en los perfiles
fisiológicos (Simoneau and Bouchard 1998). Los datos de 4 estudios les
proporcionaron suficiente evidencia a Simoneau y Bouchard para concluir que la
considerable variación en el rendimiento aeróbico entre los atletas puede ser
atribuido, en gran extensión, a factores genéticos. Por ejemplo estos autores
señalaron que: “los determinantes del rendimiento aeróbico tales como la
proporción en los tipos de fibras y en la capacidad enzimática glucolítica de
los músculos esqueléticos están influenciadas por factores genéticos, y que la
variación en estas y otras características relevantes pueden ser en parte
responsables de los altos y bajos rendimientos aeróbicos y en el potencial de
entrenamiento” p19. Rushall y Pyke (1990) propusieron que los factores
genéticos determinan que ciertos atletas tengan un mayor potencial para la
fuerza máxima en comparación con otros. Aquellos que tengan una mayor
proporción de fibras de contracción rápida en sus músculos ganarán más
a partir del entrenamiento de la fuerza que aquellos que tengan un mayor
porcentaje de fibras lentas. Esto se debe a que las fibras rápidas crean
mayores grados de tensión durante el entrenamiento de sobrecarga derivando en
incrementos significativos en el tamaño muscular (Hipertrofia). Un hallazgo
similar fue reportado en un experimento llevado a cabo por Esbjiornsson et al
(1993) en donde se realizaron biopsias musculares. Se halló que el rendimiento anaeróbico estaba directamente correlacionado con la
cantidad de fibras rápidas que había en los músculos. Cuando se planea un
programa de entrenamiento para un deportista el entrenador debe conocer las
fortalezas y debilidades del perfil atlético del deportista. En el caso de un
deporte de equipo como el rugby esto llevará a encontrar muchas diferencias
individuales, en donde algunos jugadores necesitan entrenar más
la fuerza, otros más la velocidad y otros más
la resistencia y la flexibilidad.
- Edad cronológica y edad biológica. Esto tiene una gran implicancia sobre
las cargas óptimas de entrenamiento. El crecimiento de los niños y los
adolescentes puede ser dividido en tres etapas, pre puberal, pubertad y post
pubertad. En cada etapa el joven atleta tendrá diferentes características
fisiológicas, y por lo tanto, las cargas de entrenamiento deberán ser
planificadas muy cuidadosamente en concordancia con el actual crecimiento del
atleta (Wilmore and Costill 1994). Es importante que los entrenadores
reconozcan que la edad biológica es más relevante
para la planificación de las cargas de entrenamiento en comparación con la
edad cronológica (Hagger 1999). La experiencia personal como jugador ha
confirmado que la edad es un factor importante para la planificación de los
programas de entrenamiento para jugadores de rugby. Ciertamente a partir de la
post pubertad y hasta los 28 años de edad es aparente que los individuos
pueden soportar mayores volúmenes e intensidades de entrenamiento en
comparación con el período que va de los 29 a los 33 años. Esto fue evidente
también en otros profesionales del momento. Alan Tait (un jugador escocés de
rugby de nivel internacional de 30 años de edad) por ejemplo, tenía un
programa de entrenamiento mucho más reducido en
términos de volumen e intensidad en comparación con jugadores más jóvenes. El
continuaba jugando para la selección de Escocia y su alto rendimiento a nivel
internacional pudo indicar que la individualización de su programa de
entrenamiento pudo haber tenido efectos extremadamente positivos.
- Recuperación del entrenamiento y de la competencia. El tiempo requerido
para la recuperación de un estímulo de entrenamiento varia en gran medida
entre los atletas (Keen 1995). Algunos atletas requieren de mayores períodos
que otros y esto puede con frecuencia ser experimentado por los atletas más
maduros (Rushall and Pyke 1990). Es muy importante que los entrenadores estén
conscientes acerca de la tasa de recuperación de cada uno de sus atletas de
manera que cada uno pueda alcanzar la supercompensación. El ciclo compuesto
por el estímulo de entrenamiento, la fatiga, la compensación y la
supercompensación asegura que el atleta podrá mostrar mayores niveles de
adaptación al entrenamiento y mayores niveles de homeostasis (Bomopa 1999). A
través de un monitoreo cercano, los entrenadores pueden determinar las
diferencias individuales en la tasa de recuperación de sus atletas (Pyne
1999).
- Tolerancia al ambiente. La respuesta al ambiente físico puede tener
amplias variaciones entre los atletas (Rushall and Pyke 1990). Los atletas con
un mayor porcentaje de grasa corporal tienen mayores posibilidades de sufrir
estrés por calor en condiciones calurosas, pero están más protegidos en contra
del frío. Este es también el caso de atletas que son mucho más
sensibles a los efectos de la altura y ambientes con polución. Por lo tanto el
entrenador debe ser capaz de modificar los programas de entrenamiento en
concordancia con la tolerancia de sus atletas a las condiciones ambientales.
Existen numerosos ejemplos que demuestran esto. Por ejemplo, en la natación
ciertos nadadores se verán afectados adversamente en su entrenamiento por los
cambios en la temperatura del agua. En nuestra experiencia, los nadadores de
mayor edad se ven más afectados que los nadadores
más jóvenes cuando se eleva la temperatura del agua. En contraste, los
nadadores jóvenes se verán más afectados por los
descensos en la temperatura del agua.
- Estilo de vida. Los atletas llevan diferentes y variados estilos de vida.
Un grupo de jugadores de rugby o de nadadores puede incluir a niños en edad
escolar, estudiantes, trabajadores manuales, oficinistas y atletas
profesionales de tiempo completo. Obviamente, cada una de estas ocupaciones
tendrá su propio nivel de estrés y los entrenadores necesitan estar
conscientes de que el estilo de vida de sus atletas puede conflictuar e
incluso exacerbar el estrés causado por cargas rigurosas de entrenamiento (Rushall
and Pyke 1990). Como lo señalara Collins (1999:26) los atletas no viven en una
burbuja, sino que son susceptibles (como todos lo somos) a las presiones
sociales. El estrés de la vida diaria puede variar de un día al otro y puede
con frecuencia ser mayor en ciertas épocas del año. Por ejemplo, en épocas de
exámenes o los plazos finales del año financiero o la finalización de un
trabajo. En muchos países se ha reconocido que el estilo de vida de los
atletas de elite es algo que debe tenerse en consideración. Siguiendo el
ejemplo de Australia, el Instituto del Deporte del Reino Unido inició en 1999
el Programa de Educación para la Carrera del Atleta (ACE UK). Este tiene el
propósito de crear el ambiente correcto para que los atletas de elite alcancen
el éxito por medio de permitirles concentrarse en el desarrollo de su
rendimiento sin distracciones (Anderson 1999). Interesantemente, uno de sus
objetivos es ayudar a los atletas a mirar más allá de sus carreras deportivas
y a que consideren la incorporación de cursos educacionales a su estilo de
vida. Los administradores del programa ACE UK están concientes de que el
respaldo para sus atletas debe ser individualizado. Deirdrie Anderson
(1999:31), manager nacional de ACE UK, destacó el problema potencial cuando
afirmó que “algunas personas no encajan fácilmente en un enfoque
institucionalizado unidimencional”. Cada atleta es un individuo con
necesidades y preferencias únicas y el programa ACE reconoce que los atletas
que están felices con su estilo de vida tienen mayores posibilidades de éxito
en la competición de alto rendimiento. Algunos pueden preferir dedicarse a
tiempo completo al entrenamiento, en cambio para otros un programa menos
intensivo con quizás un curso educacional puede adicionar una “segunda
dimensión” a su estilo de vida. Esto puede ser más adecuado para aquellos que
hallan que el entrenamiento de tiempo completo es algo monótono con la
subsecuente perdida de entusiasmo y de apetito por su deporte. Esto fue muy
común en 1996 entre jugadores de rugby escoceses cuando se volvieron
profesionales a tiempo completo por primera vez.
Uno de los temas más discutidos en la literatura de la teoría del
entrenamiento es como los entrenadores pueden optimizar el rendimiento y evitar
el sobreentrenamiento (Maglishco 1993, Keen 1995, Bompa 1999, Pyne 1999, Cross
and Lyle 1999, Marion 2000). El paradigma “estrés-sobrecarga-adaptación” es un
concepto fundamental en la ciencia del entrenamiento (Keen, 1995). Bompa (1999)
describió este concepto como un estímulo de entrenamiento con un efecto de
estrés apropiado de la homeostasis lo que resulta en adaptaciones en la forma de
cambios estructurales y fisiológicos. A través de la “sobrecarga” se establece
un nuevo y mayor nivel de homeostasis con el subsiguiente potencial para que el
atleta pueda tolerar mayores cargas de entrenamiento. El estimulo de
entrenamiento y el ciclo de adaptación debe ser por lo tanto planificado en
concordancia con el nivel de homeostasis de cada atleta (Denison 1995). Un
programa óptimo de entrenamiento es aquel que provoca la cantidad justa de
estrés en el tiempo apropiado. La lógica es que una carga muy liviana no
maxizará el rendimiento del atleta, pero una carga demasiado intensa puede
empujar al atleta hacia el sobreentrenamiento. Los programas de entrenamiento
personalizados son por lo tanto un factor crítico en la prevención del
sobreentrenamiento (Maglishco 1993, Budgett 2000).
Bompa (1999) reconoce el rol de la preparación mental de los atletas, pero
propone que la mejor forma de fortalecer la mente proviene de la confianza que
se gana al participar de un programa óptimo de entrenamiento físico, técnico y
táctico. No hay duda de que la mente y el cuerpo están unidos intrínsecamente (Karseras
2000). En efecto, gran parte de la literatura del entrenamiento afirma que los
entrenadores deberían planificar el desarrollo de la fortaleza mental de sus
atletas de elite (Collins 1999, Schinke 1999, Karseras 2000). La
individualización es probablemente la consideración más crítica en este tipo de
planificación. No hay un programa de entrenamiento mental genérico que sea
apropiado para todos los atletas. Sin embargo, muchos entrenadores y psicólogos
todavía utilizan enfoques globales con sus atletas como si fueran recetas (Collins
1999) Schinke (1999:22) describe la necesidad de individualización en esta área:
“... los atletas no son un grupo homogéneo de personas con idénticas
necesidades, seguridades e inseguridades. En esencia, un repertorio o “una caja
de herramientas” de técnicas de entrenamiento mental no pueden considerarse como
la intervención definitiva para todos los atletas...Sin tener en cuenta de si
somos entrenadores, fisiólogos del deporte, psicólogos deportivos, o cualquier
otro miembro del equipo de respaldo, nuestras intervenciones tienen que tener en
cuenta las diferencias individuales o la heterogeneidad de cada rendimiento en
cada situación”.
Collins (1999) da un buen ejemplo de individualización cuando discute la
necesidad de que los entrenadores adopten diferentes estrategias para tratar la
ansiedad en diferentes individuos. Trabajando en un proyecto deportivo en
Inglaterra para investigar los efectos de la “ansiedad durante los eventos”,
Collins concluyó que se requieren diferentes estrategias de motivación y
entrenamiento para diferentes tipos de individuos y en diferentes situaciones.
Para ponerlo en forma simple, este investigador propuso que los atletas con
altos niveles de ansiedad necesitan de motivación en situaciones de baja presión
en donde atletas con bajos niveles de ansiedad son exitosos. En situaciones de
alta presión los atletas con bajos niveles de ansiedad parecen motivarse,
mientras que los atletas con altos niveles de ansiedad necesitan ser estimulados
y estar concentrados. Lo importante es que “la ansiedad está muy
individualizada, es influenciada por la sociedad y cambia dramáticamente todo el
tiempo” (Collins 1999:27). Por lo tanto los entrenadores deberían valorar los
rasgos de ansiedad de sus atletas y monitorear constantemente su naturaleza
fluctuante.
CONCLUSION
La individualización ha mostrado ser un concepto crítico en la planificación
de un programa óptimo de entrenamiento para deportistas. Los deportistas son
individuos únicos con diferentes características fisiológicas, tolerancias al
ambiente y a las cargas de entrenamiento, tasas de recuperación a partir de un
estímulo, estilos de vida, presiones sociales, rasgos psicológicos y objetivos y
metas de entrenamiento. Esto se aplica a todos los deportes y a todas las
edades. Consecuentemente, la adaptación del proceso de entrenamiento a las
necesidades individuales de los deportistas y teniendo en cuenta la edad y la
madurez, el grado de entrenamiento y la experiencia y nivel actual de destrezas,
se puede asistir a los deportistas para que alcancen metas de rendimiento
individuales desafiantes pero realistas.
A pesar que los entrenadores reconocen la necesidad de un enfoque
individualizado, y que la teoría del entrenamiento identifica varios principios
que respaldan la necesidad de individualización, varios factores pueden limitar
los efectos óptimos. Sin embargo, de destaca la importancia de adoptar un
enfoque específico para los deportes individuales tales como la natación, y un
enfoque específico de la posición de los jugadores para los deportes de equipo
tales como el rugby como una estrategia posiblemente útil.
Por último, se sugirió que las posibilidades de un atleta de sobreentrenarse
pueden reducirse por medio de la utilización de un enfoque individualizado.
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Para citar este artículo: Graham, Terry E. Cross, Neville. Entrenamiento para el Rendimiento: Individualización de los Programas de Entrenamiento. PubliCE Standard. 13/06/2005. Pid: 477.